Nosotros observamos cada día como más y más personas, piensan que no deben entregar cuentas a alguien “supremo”, que no son culpables de ningún juicio, que no tiene alguna condenación, que son “libres” y pueden llevar sus vidas como ellos quieren, pero realmente no observan a su alrededor, su engaño y dureza de corazón que no los hace ver que tan solo con contemplar la creación y obtener un día más de vida podemos ver un Dios Grandioso, quien escribió sus prescripciones para que viviéramos en completa sumisión a Él, comportamiento esperado de parte de los hombres hacia su Creador y ante a la sociedad donde convive.

Cuando a Cristo le preguntaron ¿Cuál es el gran mandamiento de la Ley?, Él dio a conocer que la Ley se basa en dos grandes mandamientos; Amar a nuestro Dios sobre todas las cosas y Amar a tu prójimo como a ti mismo; (Mateo 22; 36-40), básicamente, los mandamientos dan cuenta de la necesidad de amar, primeramente a Dios y luego a nuestro prójimo, pero debido a nuestra obstinación, a nuestro orgullo y la necesidad de que todo gire a nuestro alrededor; se ha olvidado lo que es amar, se nos ha olvidado llamar a nuestro Pecado por su nombre, ya sea Adulterio, Fornicación, Inmundicia, Lascivia, Idolatría, Hechicería, Contiendas, Iras, Envidias, Borracheras, Orgías y demás (Gálatas 5; 19-21), como lo llama la Palabra de Dios; obras de la carne.

Nuestra sociedad, nos ha hecho pensar que si no cometemos pecados graves (robar, matar, extorsionar…), no somos pecadores, no somos culpables delante de Dios, que no necesitamos un mediador entre Dios y los hombres, quien es Jesucristo Hombre ( 1 Timoteo 2; 5), pero gracias a  los diez mandamientos relacionados en la Palabra, podemos ver que pecar va más allá de lo que podemos imaginar, al estudiarlos podemos racionar que nos hemos apartado de Dios, que nuestro obstinación nos ha llevado lejos de la presencia de un Dios que ha puesto su Ley por amor a sus hijos, son instrucciones de cómo debemos adorar a nuestro Dios, como guardar el día de reposo, pero también guarda nuestro corazón de deshonestidad, adulterio, idolatría… ¡Oh, cuán lejos estamos de obedecer la Palabra!

Pero gracias a Dios, tenemos a quien recurrir cuando pensamos en que tan miserables somos delante de Él, Su Hijo nos amó mientras nosotros pensábamos en nuestro egocentrismo, Él nos amó cuando dio su vida, derramando su sangre, experimentado un gran dolor, Él nos amó en su resurrección para que la vida eterna fuera un regalo seguro para aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados, pecado que no sé cuál es el nombre del tuyo o del mío, pero que si nos arrepentimos sabremos cual es, y podremos pedir perdón, porque la Ira de Dios estaba sobre nosotros y tendremos indulgencia, porque Él nos ama intercediendo por nosotros, sentado a la diestra del Padre, para que nada nos separe “del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor Nuestro, (Romanos 8; 34-39).

Hoy te invito, para que analicemos en que hemos pecado delante del Dios Todopoderoso, que aunque sean grotescas nuestras faltas delante de Él y tenga el nombre que tenga, si nos humillamos delante de Él, de seguro obtendremos la bienaventuranza de la gracia del perdón, no merecíamos nada para que nos perdonara, nuestras obras no son nada a comparación de la Cruz, la Gracia es por Fe, pero la obediencia a la Palabra es la forma de agradecerle lo que hizo por nosotros, la forma de demostrarle cuanto le amamos y cuanto necesitamos, porque; “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos, el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (Juan 15; 5).

Autor: Jackson Benítez. Bogotá Julio 2019