Autor: Luis Miguel Duarte Pérez
Imagen: fancycrave1

Hay cierta fragilidad en la predicación del evangelio bíblico, en cuanto a la reacción que el creyente y el no creyente mostrará cuando se muestre a Cristo y los términos de relación que el Señor presento en su palabra, pero dicha fragilidad no pesa sobre el evangelio o el predicador bíblico, más bien en los oídos del oyente de esta palabra, y esto debido al condicionamiento que el mundo ha generado en las personas para rechazar todo aquello que atente contra su libertad, discurso que ha permanecido igual, aún desde el mismo Edén: “y seréis como Dios…” Gen 3.5 RVR.

La astuta serpiente usando el adalid de libertad, movió al hombre bajo el pretexto de que uno  no haya superiores, sino iguales, y como resultado el hombre olvida su verdadera condición, la posición de siervo; todo esto desencadena el fracaso de la raza humana.

Nunca se es libre como el mundo lo platea: la libertad en términos “humanos” es la igualdad y posibilidad de elegir a voluntad lo que cada individuo estime para sí, sin embargo todo individuo debe ver que está de manera esencial, bajo las leyes de la comunidad que habita, y que su libertad se limita al respeto de dichas normas; una célebre frase del general Santander citaba al Minal “…las leyes os darán libertad” El castrense reconocía que la libertad está condicionada al cumplimiento de una norma que lo supera.

Habiendo dicho esto, debo aterrizarle en la realidad del evangelio; el Señor Jesús, usó en numerosas ocasiones el termino Doulos, que nuestras biblias tradujeron como siervo; y que para nuestro contexto suaviza el profundo contenido de la relación con nuestro Señor, pero el sentido literal es <>, que connota uno que no tiene derechos sobre sí mismo, y que es contado como propiedad de un señor; todo concepto de autonomía y potestad propia de decidir y conducirse se queda sin piso con el solo termino, y que como pueblo cristiano no hemos tomado con seriedad este título que nos ha sido conferido desde la misma creación; por otro lado, cuando no se usaba la palabra Doulos, se hacía uso de Kyrios, pero esta vez refiriéndose a nuestro Señor, y es que esta connota a una persona que ejerce derechos de propiedad absoluta, y quisiera destacar al centurión en Lucas 7:6 (RVR) dirigiéndose a Jesús con este palabra. Este hombre le reconoció como el SEÑOR, y la respuesta de Jesús fue “…se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.”

Entendiendo la implicación del término siervo, entendemos que es contracultura, y amenazante a la “libertad” de los hombres cautivos por el pecado, como iglesia de Cristo, no podemos ser indiferente a este título, y tampoco menospreciar este estado, porque erraríamos en lo más básico de nuestra relación con Él, y esta aproximación entorpecería nuestra comunión con el Padre. Así, el cristiano que corresponde a este  nombramiento con la alta  1.Naturaleza humana dignidad que le confieren el amo al que le sirve, es capaz ahora de comprender qué esperar de su Señor. Dos puntos para explicarlo, preste atención a la puntuación de los siguientes interrogantes: ¿Qué debe esperar un siervo, de Cristo? | ¿Qué debe esperar, un siervo de Cristo? Una coma, antes o después de Siervo, cambia el sentido de la siguiente forma: ¿Qué debe esperar un siervo, de Cristo?

Qué debe esperar un siervo, de Cristo? |

Lo primero que salta a la vista, es el beneficio que puede recibir aquellos que son siervos de Cristo, pero antes de abordar esto, debo decirle que esta frase está implicando a personas que han sometido su voluntad y criterios a los de su palabra, y que su dependencia está dada en términos de confianza, es decir, aquellos que han creído realmente en Él, buscaran su justicia y darán por hecho que Él suplirá todas sus necesidades, esto es -confianza-. Aclarado esto, el beneficio pasa a un segundo plano, y solo quedará la contemplación de su majestad, y el profundo agradecimiento por lo que nuestro señor hace por nosotros, entonces no vale la pena hablar de los beneficios, teniendo en cuenta que el Señor nuestro satisfizo la más grande necesidad nuestra, y por supuesto atenderá todas aquellas que corresponden al sustento del cuerpo; sobra decir que se debe procurar ser un siervo útil.

¿Qué debe esperar, un siervo de Cristo?

Esperar es el núcleo del interrogante, y la lógica de lo que debe esperar un siervo de Cristo se inclinaría a los derechos, pero un siervo (esclavo) carece de los derechos, y más bien tiene deberes para con su Señor; Esperar debe ser una característica del siervo, que ha depositado su esperanza en su amo, y que permanecerá preparado como las cinco vírgenes prudentes que menciona Mateo 25:25 RVR, una esperanza que no defrauda, y que completará nuestro gozo el día glorioso de nuestro Señor. Por lo tanto, el esperar, no será el acto pasivo de quedarse quieto para vislumbrar el amanecer, sino el de ser diligente durante la espera; abundar en las obras que son el producto de la salvación de aquellos a quien el Señor mismo ha escogido; ser activos en la obediencia, sumisión, y correspondencia a los deberes, para con Dios, y para con el testimonio a los demás.

Al final de esta espera, que podamos decir “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado a fe. Por lo demás, me esta guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” 2 Timoteo 4:7-8 RVR será la más grande muestra de nuestra esperanza puesta en el autor de la salvación.