Autor: Yesid Rodríguez.

Febrero  2019.

Es un hecho indiscutible que un amplio sector dentro de las comunidades eclesiásticas están interesados y desorientados en relación al servicio bíblico. El interés de servir se evidencia en los creyentes a razón de que este se vuelve una necesidad de identidad en la iglesia local, motivación que en ningún  momento es mala, de hecho cuando un creyente se identifica con el servicio esta reflejando a nuestro Señor Jesucristo quien es el perfecto ejemplo a seguir. El servicio en comunidad ha calado tanto en el pensamiento cristiano, que en ocasiones este se ha reducido a simplemente activismo, casi que todos los creyentes necesitan mostrarse ante los demás como personas útiles dentro de su comunidad y nadie puede quedar fuera de este circulo, aun con todo ello, las manos laboriosas son muy pocas.

Esta realidad a llevado a una desorientación explicable; reducir el cristianismo a dos horas de un domingo donde el creyente sigue una oración de un líder, canta un par de canciones, experimenta algunas emociones de las tantas que habitan en nosotros, en algunas ocasiones escucha la enseñanza y digo algunas por que muchas veces esta ocupado en sus varias actividades. El tiempo es oro y todo se da rápido, no se puede estar en todos los espacios planificados para ese día, inconscientemente la meta se traduce a hacer lo que me corresponde en los tiempos habituales.

Esta realidad se traslada al curso siguiente de la semana, ya no es la presión de cumplir con unos deberes en dos o tres horas. Pues el escenario del hogar, el trabajo, los estudios, el transporte, y todas aquellas responsabilidades diarias hace la carga mayor, con la cultura de la inmediatez y la cosmovisión del día a día es como un check list, todas estas responsabilidades pasan a ser algo de lo que tenemos que salir pronto, meramente cumplir y ya.

¿Falta algo en mi listado de tareas? ¡oh! servir, de pronto saco un par de horas de mi tiempo esta semana y sino completo mi lista el Domingo; Esta es la realidad, la triste realidad, de no tener una visión clara de que es el cristianismo y cuando hablamos de cristianismo hablamos de las escrituras, de Dios, manifestado en el padre, el hijo y el Espíritu Santo, hablamos del evangelio, de vida, muerte, resurrección, perdón de pecados, gozo, relación con Dios, vida en Dios, servicio a Dios en su iglesia. Este sistema va tan deprisa y presiona tan fuerte que nos quiere llevar a su misma velocidad, estado en el cual reducimos todo a simples cosas como un listado de mercado, no hay reflexión sobre lo que hago, dejo de hacer o como hago lo que hago.

En el servicio realizamos tantas actividades como podemos, se ha vuelto el modelo de definición, por su función y no por el sujeto, por lo que se realiza y no por quien es el, definimos el servicio desde una visión alejada de las escrituras en su esencia, dando como resultados imaginarios culturales dentro del cristianismo, problemas de ignorancia y confusión.

“Hechos: 2: 42 – 47.

42 Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.
43 Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45 vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. 46 Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.”

Esta porción bíblica nos muestra el servicio desde una cosmovisión bíblica centrada en Dios y no en el individuo, según estos versículos continuamente realizaban algo que tenían en común: compartir grupalmente o su dedicación a la comunión, su dedicación las enseñanzas de las escrituras o como dice allí a las enseñanzas de los apóstoles que en realidad es lo mismo, al partimiento del pan o santa cena que es igual a recordar el sacrificio hecho por Cristo, para perdón de pecados y reconciliación con el Padre y a la oración.

Se habla de que ellos estaban juntos porque habían creído y como resultado hubo una explosión de generosidad  en su corazón que se manifestó en que no solo los días de culto sino que día a día compartían juntos en las iglesias y casas con un ingrediente sublime: humildad y alegría, dice las escrituras que esto lo hacían alabando al Señor.

¿Quién es un siervo de Cristo?, un siervo de Cristo es aquel a quien el Señor le ha dado el privilegioso regalo de la salvación por medio de su vida, es aquel que persevera continuamente en las enseñanzas de las escrituras, la comunión, la santa cena y la oración, es aquel que tiene un gozo, una felicidad tan grande que al creer estas verdades quiere convivir y fraternizar con los que piensan, sienten y viven alegres bajo las verdades divinas, sirven a sus semejantes generosamente con sencillez de corazón y alegría, su único norte es alabar al Señor por lo que el representa para sus vidas.

Se despoja de esa vieja forma de pensar, donde el no ve al servidor como alguien que hace muchas cosas… sino como alguien que se deleita en Cristo porque lo redimió de sus pecados y viendo al hijo de Dios dar su vida por el, es motivado a hacer lo mismo hacia sus hermanos, ya no ve su realidad como un listado de cosas por cumplir sino como un privilegio que Dios le da,  donde el servicio no se limita a un día en particular, ni se limita solo a actividades dentro de la iglesia, mas bien reflexiona y ve la oportunidad de mostrar cada día a Cristo en las diferentes esferas sociales en las que se mueve, pues entiende que el mayor servicio a la humanidad es mostrar gozosamente el favor que Cristo a hecho en la cruz por sus amados.

Un verdadero siervo de Cristo todo lo piensa, todo lo siente y todo lo vive desde una relación con Dios, sabe que antes de hacer es ser, reflexionemos en las siguientes palabras:

“Filipenses 2: 5-7.

5 Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. “

Foto de reenablack